La Luna y la Noche
Es la hora exacta: la Luna aparece como un fantasma en la distancia, rodeada por un pálido cielo exento de estrellas. En el horizonte, aún se perfilan los últimos rayos de sol que un día tocaron la tierra. Los árboles, retraidos más allá de las ya alargadas sombras, parecieran anhelar su calidez.
La espuma del mar ha ascendido en forma de dispersas nubes navegantes de las alturas.
La Luna por fin ha consentido brillar. Parece más cercana y, al tiempo, etérea.
Ha consentido brillar, apartando, con recelo, la oscuridad de una noche que, silenciosa, ha decidido esparcir su manto negro de aquí hasta el final de los tiempos.
